Porqué la moda rápida está pasando de moda

La vida está bajando de revoluciones. El ritmo acelerado al que nos hemos acostumbrado tanto se acerca a su fin, y todo lo “slow” está creciendo más rápido que nunca.

Desde slow fashion a slow food, slow travel y slow love, la lista de términos “slow” forma  ya parte de nuestro vocabulario cotidiano, y la simplicidad se ha convertido en el nuevo lujo.

No hay duda de que los eventos de finales de 2019 jugaron un papel en este cambio global de conciencia, con masas de personas moviéndose hacia un sistema de menos desperdicio, y el confinamiento invitando a los hogares a llevar la limpieza de primavera al nivel de Marie Kondo.

Pero resultó que una buena limpieza no era lo único que necesitábamos. La falta de conexión con la naturaleza y otros seres humanos nos hizo cuestionar cómo vivimos y dónde colocamos nuestras prioridades, pero más que eso nos hizo cuestionar el sistema.

La industria textil recibió uno de los golpes más duros en 2020; los hábitos de compra cambiaron a medida que desafiamos nuestra necesidad de consumir constantemente, y comenzamos a apreciar la importancia de las pequeñas cosas, así como de los negocios locales que dan vida y son el verdadero tejido en nuestros entornos.

A pesar de las dificultades que siguieron al año, también fuimos bendecidos con la oportunidad de ver cómo el mundo podría cambiar cuando la humanidad se desacelera. Vimos con nuestros ojos que en cuanto el ser humano retrocede, la naturaleza avanza.

Entonces, con este cambio mundial en el consumismo, ahora depende de nosotros decidir si queremos volver a lo antiguo o establecer un concepto nuevo y más saludable de lo «normal»… y ciertamente, un buen lugar donde empezar es con la ropa que nos ponemos.

SLOW LIFE = EL FIN DE LA FAST FASHION

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La moda Slow es una de las facetas más importantes del movimiento de Slow Life y uno de los primeros lugares en los que las personas suelen comenzar sus caminos sostenibles. La calidad, las prácticas de fabricación sostenibles y los diseños atemporales son de alto valor, y el enfoque se pone tanto en el ‘dónde’ y ‘qué’ comprar que en el ‘por qué’.

En fin, se trata de reevaluar nuestra relación con la ropa que vestimos para minimizar el consumo (mayoritariamente relacionado con el precio) innecesario.

Entonces, si te preguntas por qué la moda rápida tiene sus días contados, y estás lista para comenzar tu propio viaje de Slow fashion, aquí tienes 5 datos reveladores sobre la industria de la moda que te harán cuestionar su viabilidad a largo plazo, junto con simples soluciones para ayudarte a comenzar a contribuir a un sistema más saludable.

5 HECHOS SOBRE LA INDUSTRIA DE LA MODA RÁPIDA

1. La industria de la confección es la tercera industria manufacturera más grande del mundo, después de las industrias automotriz y tecnológica, y es responsable de aproximadamente el 10% de las emisiones globales de carbono anuales, más que todos los vuelos internacionales y el transporte marítimo combinados. (1)

¿Cómo puedo ayudar? Compra menos y solo lo que amas, prioriza la calidad sobre la cantidad. Esto te permitirá ahorrar dinero a largo plazo, ya que la ropa barata a menudo no sobrevive al ciclo de lavado. Cada año adicional que se usa una prenda significa menos contaminación.

2. Casi 70 millones de barriles de petróleo se utilizan cada año para fabricar la fibra de poliéster, que ahora es una de las fibras más utilizadas en la confección. Los textiles sintéticos, incluidos el poliéster, el spandex y el nailon, pueden tardar hasta 200 años en descomponerse. (2)

¿Cómo puedo ayudar? Elige materiales naturales o textiles biodegradables como algodón, lino, lana, bambú, seda o cáñamo que dejen una huella más ligera.

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3. A nivel mundial, ahora consumimos aproximadamente un 400% más ropa de lo que consumimos hace solo dos décadas, y las marcas de moda producen hasta 52 microcolecciones al año en lugar de las dos temporadas habituales (primavera/verano, otoño/invierno). Lo que es aún más impactante es que por mucho que nos gusta comprar ropa nueva, parece que nos encanta por igual no usarla o desecharla con la misma rapidez.

¿Cómo puedo ayudar? Evita comprar ropa solo porque es barata o está en oferta y piensa dos veces en lo que estás apoyando con tu compra. Dóna ropa vieja o encuentra formas de transformarla en artículos que puedes amar otra vez. 

4. Se ha estimado que las microfibras de plástico que se desprenden del lavado de ropa sintética comprenden hasta un 35% de los microplásticos primarios en entornos marinos, lo que amenaza los sistemas costeros y acuáticos. Hay evidencia de que estas microfibras también se diseminan a lo largo de la cadena alimentaria. Según un estudio, las fibras sintéticas proporcionales detectadas en muestras de sedimentos de las costas de todo el mundo fueron poliéster 56%, acrílico 23%, polipropileno 7%, polietileno 6% y poliamida 3%. (3)

¿Cómo puedo ayudar? Según los estudios, lavar la ropa a temperaturas más frías y ciclos más cortos puede ayudar a reducir la liberación de microplásticos en un 30% durante el lavado. (4) Las fibras naturales también tienden a requerir menos lavados que sus contrapartes sintéticas, ya que son transpirables y menos propensas a hacernos sudar.

5. La industria textil representa del 10 al 20% del uso total de plaguicidas en el mundo y más de una cuarta parte de los plaguicidas del mundo se utilizan para cultivar algodón convencional. La producción de algodón convencional plantea importantes amenazas a los ríos y ecosistemas del mundo y las enormes deudas asociadas al utilizar semillas transgénicas ya han contribuido a más de 270.000 suicidios de agricultores, solo en la India, en menos de 25 años. (5)

¿Cómo puedo ayudar? Busca fibras sostenibles que requieran poco o ningún uso de pesticidas y elige algodón orgánico en lugar del algodón convencional. Opta por opciones de comercio justo siempre que sea posible, ya que esto garantiza que los agricultores reciban un pago digno.

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